Flor eterna IV ( talismán)

No supe nada más hasta que, al despertar, me encontré en el centro médico de la aldea de Estela. Allí me visitó  la vecina de mi abuela y  me contó que me habían estado buscando desesperados más de una semana . Yo le conté todo lo que me había ocurrido incapaz de contenerme y a medida que lo hacía vi como la comprensión y la compasión se reflejaban en su cara. Me explicó que esas criaturas, a las que en las antiguas  leyendas  denominaban  hadas oscuras,  habitaban esas montañas desde tiempos inmemoriales resguardadas en lo que ellos llamaban  reinos etéreos,  que solo existen entre los diferentes mundos. Allí, según me contó, el tiempo pasa de forma distinta al mundo humano, explicando así porque a mí me parecía que había pasado sólo un día desde que sali a buscar las flores y en realidad había pasado más de una semana. También me contó que lo que me había salvado la vida eran las flores que llevaba encima ,pues además de proteger las almas de los muertos también protegían a los vivos de criaturas y seres malignos.

Después de todo aquello y tras unos días de recuperación, me apresure a cumplir la voluntad de mi tía Amalia y dejé  las flores  de estrella en su tumba tal y como dispuso. Me despedí en silencio de ella y me apresuré a coger el autobús  donde me esperaba la vecina de mi tía abuela con un pequeño regalo de despedida. El regalo en cuestión  era un collar hermosamente labrado con hierro y bañado en plata  que portaba en su centro encerrada en ámbar  lo que identifique como una flor de estrella que perduraría para siempre gracias a la sustancia que  la envolvía. La vecina de mi tía me explicó  que según se creía las aleaciones y el resto de materiales de los que estaba hecha la joya  cumplían un papel protector sobre las personas que las portaban pues estos metales servían para alejar a los seres mágicos y malignos .

Después de eso me despedí de ella con un nudo en la garganta todavía más grande del que tenia pues en el fondo de mi mente pensé, aunque ella no me lo dijo, que si me daba ese talismán es porque existía la aterradora posibilidad de que esas criaturas monstruosas volvieran a por mí.

Así ,con la joya en el cuello -que si de mí dependía no me quitaría nunca jamas- y con el alma en vilo me subí al autobús desde el que estoy escribiendo esta historia mientras miro de vez en cuando por la ventanilla esperando ver y no ver aquellos ojos demoníacos que me perseguirán eternamente en mis pesadillas , rezando a la vez  para que no adquieran de nuevo tintes más reales y mortíferos.

 

 

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