Dimensiones I ( Santuario)

Cuando abro los ojos, veo montañas y bosques cuya magnificencia es reconocida y alabada por todas aquellas criaturas que tienen la fortuna de contemplar estos parajes. Desde el claro del bosque donde ahora me encuentro siento el sol brillante calentando mi piel. Noto también como una suave brisa primaveral juega con mis cabellos y alivia mis angustias ocultas.

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Percibo desde mi apacible descanso, como el aroma más dulce, la sinfonía de fragancias que hasta mí llega de flores cuya extraña belleza solo puede ser obra de las deidades que dieron forma a la magia del mundo.

Oigo la suave melodía de los miles de pájaros que cantan alegres en  hermoso tributo a los verdes dominios que se extienden hasta donde alcanza la vista mientras me adormezco hipnotizada por los susurros rezados por los árboles que se mecen por el viento. De este modo transcurre mi día, sin las odiadas prisas que mi alma pide expulsar a gritos.

Cuando por fin llega el atardecer, me levanto a regañadientes de mi lugar de reposo en la perfumada hierba a la vez que extendiendo mis alas feéricas  para que el sol las caliente con su último aliento mientras sus rayos arrancan de  su transparencia brillos con todos los colores de la creación.

Hasta este  momento todo ha  sucedido con apacible tranquilidad, pero en cuanto la luz astral da paso a  la oscuridad nocturna una sensación de amenaza creciente invade mi mente y todos mis sentidos.  Intranquila, dirijo mi vista al cielo y aunque las estrellas deberían brillar  por mandato divino, esta noche en la bóveda celeste solo centellean sombras tan absorbentes y profundas como las reinantes en el fondo del océano.

Los árboles a su vez , privados de movimiento, se yerguen fantasmales ante mí como oscuros  y despiadados espectadores mientras que los animales que otrora reinaban en la noche se esconden y callan como si no quisieran ver ni oír aquello que trae presagios de miedos antiguos. Mientras la oscuridad crece, también lo hacen mis inquietudes , que no tardan en verse aumentadas en grado sumo por la aparición tras un recodo del bosque de un ente oscuro envuelto en rayos del color de la sangre.

Así, reconociéndolo como maligno y  sabiendo por las advertencias hechas por las voces de mis ancestros que todo ser que fuera engullido por su  infierno abismal  estaría condenado sin posibilidad de salvarse, levanto el vuelo acelerando mi ritmo todo lo que me permite la extensión de mis alas.

Trato de huir, pero la sombra diabólica parece anticipar cada uno de mis movimientos, ganándome tanto en velocidad como en astucia hasta el punto de que siento cada vez más cerca su aliento pestilente.

Aterrada e histérica, comienzo a aceptar que se acerca mi final  cuando noto como algo aferra mis brazos y me sacude a  la vez que me arranca un grito desgarrador de las profundidades de mi garganta cerrada por el miedo…

 

 

 

 

 

 

 

 

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