La doncella del lago

Mucho había oído acerca de las magnificencias de la región donde se encontraba un famoso lago que, según los conocedores del tema, se había formado hacía miles de años por el impacto de una estrella caída.

Esta estrella, aparte de crear una de las vistas más hermosas del país, había dado a la gente de la región una importante fuente de materia prima con la que fabricaban toda clase de artesanía. Dicha artesanía había adquirido un notable renombre, no solo por la belleza de su acabado sino también por la perfección de la misma piedra  que, surgida de las entrañas del cometa, refulgía con un hermoso brillo celeste que tendía a dejar ensimismados a todos aquellos que las contemplaban.

Aunque, a mí en realidad eso no me importaba. Lo que me había atraído de las escarpadas montañas eran las antiguas leyendas sobre criaturas fantásticas que se aparecían por esos bosques. Así que, sabiendo esto y decidida a encontrar algo de paz e inspiración para mi libro, preparé las maletas y me dispuse a pasar una larga temporada en el pueblo de Clatermund.

Con todo dispuesto y preparado, llegué una calurosa tarde de octubre a la posada de la Señora Somnia que estaba a las afueras del pueblo. Era una posada de solida roca cuyo diseño recordaba a los de los antiguos castillos que proliferaban en esa parte del país, solo que en una escala más hogareña y acogedora. Su interior concordaba perfectamente con su exterior pues la decoración, aparte  de ser rústica, hacía recordar a las fortalezas antiguas llenas de armaduras y tapices que inmortalizaban escenas de otra época y para rematar todo ese encanto añejo toda la instalación disponía de múltiples comodidades modernas.

Tras la primera noche en el apacible lugar, baje presurosa a desayunar animada tras una noche de calmado descanso. Después de dar buena cuenta del desayuno a base de tortitas con chocolate, té chai y zumo de frutas me dispuse a interrogar a la señora Somnia sobre aquel lugar, sus leyendas y tradiciones. La señora Dana – pues tal era su nombre depila-, encantada por la charla adicional y el tema a tratar me invito amablemente a la sala de estar y se dispuso a relatarme todo lo que sabía del lugar.

-El pueblo de Clatermund es muy antiguo- me explico-. Hay eruditos que datan su origen hace más de 1000 años y durante todo ese tiempo estas tierras han sido testigos de innumerables sucesos de todo tipo que van desde lo que podemos considerar cuentos de hadas, hasta batallas tan sangrientas que aún se levantan monumentos para apaciguar a las almas perdidas que perecieron en ellas.

– ¿Y qué puede contarme del famoso lago y del bosque que lo rodea? – le pregunte.

– Pues esa es una historia aún más antigua -me dijo pensativa-. Según lo que cuentan las tradiciones, una estrella cayó hace varios milenios en el valle, arrasando toda la vida animal, vegetal y humana con la que tropezó en su camino. Esta estrella termino cayendo en el lugar donde ahora está el lago y donde se comenta, aún yace el corazón del astro.

Interesada por todo el tema de la estrella caída nos centramos en ese asunto, aunque lo que sabía la señora Dana al respeto se basaba más que nada en el saber popular. Por ello terminó por recomendarme que fuera a ver a un tal señor Roan que era el jefe del gremio de artesanos que se dedicaban a la explotación de la piedra que el meteorito había diseminado por la zona.

De este modo me dispuse a ir a la sede del gremio que se encontraba en el centro del pueblo. El señor Roan acepto  verme muy amablemente y me comentó todo lo que sabía al respecto.

-Lo que te han contado hasta el momento es cierto – dijo él-. Aunque hay cosas que han omitido tal vez por desconocimiento o por prudencia. Es verdad todo lo referente a la estrella caída. Hace unos milenios el astro cayó y dejo una senda de destrucción. Lo que no sabe usted es que al día siguiente del suceso los habitantes de la zona volvieron al lugar y vieron asombrados como la destrucción del día anterior había dado paso a un bosque aún más espléndido del que había con anterioridad.

Según me contó más tarde algunas personas lo achacaron a un milagro divino. Otros pensaron que esto había sido obra de un genio de la tierra malvado que había llegado con el asteroide y estaba intentando convertir ese territorio en parte de sus dominios.

– Sea como fuere la controversia no duró demasiado – me explicó-, pues la caída de la estrella había traído la proliferación de una piedra muy especial, una piedra de color celeste que destelleaba con un brillo muy particular. Algunos tuvieron la idea atinada de explotarla comercialmente lo que trajo una época de prosperidad sin precedentes al valle que dura hasta el día de hoy. De este modo los agradecidos aldeanos optaron por respetar y venerar tan el bosque como el lago, llegando a levantar incluso un templo a la supuesta deidad que había traído tanta fortuna a la gente.

-Ahora bien – dijo-, también me parece oportuno comentarte otra cosa que puede interesarte si buscas inspiración para tus historias. Aunque es verdad que la explotación de las piedras ha traído mucha riqueza ,esta digamos  buena racha, ha tenido intermitencias a lo largo de la historia. En algunas épocas, según cuentan, las piedras que explotamos perdieron misteriosamente su brillo celeste. Algunos lo achacaron simplemente a la mala suerte. Otros lo achacaron a la comisión por parte de algún habitante del pueblo de una ofensa contra la deidad del lago o el bosque que esta protegía. La cuestión es que al final las malas épocas siempre pasaban cuando el pueblo hacía los rituales señalados y la firme promesa de respetar el bosque y sus parajes.

– ¿Y en qué consistían esos rituales? -pregunte.

– No se sabe- me dijo él- .Esos rituales se perdieron hace mucho tiempo. Creo que lo mejor sería que fuera a ver el lugar para verlo por sí misma. Eso sí, he de recomendarle encarecidamente que trate con respeto al lugar y al bosque. Cosas funestas les pasan a los que andan sin respeto por sus sinuosos senderos- dijo finalmente con un deje misterioso.

 

Cada vez más fascinada por la historia me dispuse a ir al lugar en cuestión que estaba a apenas a veinte minutos andando desde el sitio donde me encontraba…

2 respuestas a “La doncella del lago

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