La doncella del lago II ( las hijas del bosque)

El camino a aquel paraje ascendía de forma tan empinada que casi era vertical, lo que sin duda dificultaría mi caminata aunque esto no disminuyo mis ganas de llegar a aquel mítico santuario. Al final tras una marcha algo ardua  pero sin incidentes llegue a la zona que el señor Roan me había indicado.

Conforme me acercaba, delante de mí fue surgiendo un majestuoso bosque de imponentes árboles tan altos y frondosos que en su interior apenas penetraba la luz brillante del sol, lo que dejaba a lo profundo del bosque envuelto en una luz velada que daba a todo un aire de floresta encantada.  Al final tras otros quince minutos andando llegue al lago del que tanto había oído hablar en las últimas horas.

El lago era una vasta extensión de agua rodeada por una arboleda formado por pinos, robles, avellanos y tejos. Era un paisaje que me resultaba íntimo y acogedor así que me tumbé sobre la verde hierba y   me quedé dormida sin apenas darme cuenta. Cuando desperté el paisaje, el cielo y hasta el mismo aire habían cambiado. La brillante luz de sol había dado paso a unas nubes de tormenta que consumían la luz que hasta entonces había reinado en el lago y sus alrededores, tornándolo todo en un paraje de lo más siniestro.

Mientras observaba todo esto, capte un ligero movimiento en el centro del lago que poco a poco fue haciéndose más violento. Poco después y para mi aterradora sorpresa, vi como una mujer de blanco surgía de las aguas como por arte de magia y asustada corrí a refugiarme detrás de los árboles más cercanos. La mujer en cuestión se alejó del lago y se adentró en el bosque. Impresionada como estaba, y con mis instintos de escritora haciendo de las suyas, me dispuse a seguirla a una distancia prudencial .

La señora de blanco se detuvo en un claro del bosque y con un leve movimiento de la mano hizo surgir de los árboles circundantes a multitud de chicas jóvenes cuya apariencia recordaba a las ilustraciones de los cuentos de hadas. Así todas en fila con la señora de blanco a la cabeza marcharon de forma desenfadada hasta lo que parecían las ruinas del templo del que me habían hablado en mis investigaciones en el pueblo. Allí por lo que pude ver se encontraban atados un grupo de hombres que empezaron a discutir con las mujeres que habían hecho acto de presencia .

– ¡Soltadnos de inmediato! – dijo el hombre que parecía ser el jefe del grupo.

-Me temo que eso no es posible- dijo la señora de blanco-. Habéis entrado en mis dominios sin permiso y aun sabiendo por boca de los lugareños que está prohibido dañar este bosque, os habéis dedicado a destruir cuanto os habéis encontrado en el camino. Como castigo dejaré a las piedras que sustentan a vuestra gente sin brillo. Pagareis la desgracia que habéis causado con la desgracia de vuestro pueblo.

Asustados por lo que estaba pasando y por la amenaza de la mujer intentaron apelar a las otras muchachas que estaban a su lado.

-Es inútil que intentéis apelar a la compasión de mis hijas- dijo la señora-.Ahora son ninfas protectoras del bosque. Antaño eran mortales, como vosotros, pero fueron ofrecidas en sacrificio para paliar mi ira por otros hombres que cometieron atrocidades en mis dominios. Lejos de sacrificarlas yo las adopté y les di la inmortalidad para que protegieran toda la vida que reside en esta tierra.

-Nuestra madre tiene razón mortales-dijo una de ellas-. No vale la pena que intentéis apelar a nuestra generosidad. Nosotras fuimos traicionadas por aquellos que eran como vosotros mientras que nuestra madre nos dio vida, cobijo y consuelo.  Ella vino de las estrellas con el astro caído y nuestra lealtad está con ella desde hace siglos. Habéis quitado muchas vidas en este sagrado bosque, y las vidas con otras vidas se pagan.

Dicho esto, todas las muchachas alzaron los brazos hacia los prisioneros. Después vi horrorizada como algunos se secaban hasta convertirse en ceniza, mientras que otros se convertían en rocas o en pequeños árboles.

-Las vidas perdidas con otras vidas han sido restauradas -dijeron todas a coro.

Con estas palabras las llamadas ninfas desaparecieron una a una en los árboles circundantes. Mientras, la señora de blanco emprendió el camino de vuelta al lago para acabar desapareciendo por donde había venido.

Estupefacta por todo lo que había visto y un poco en estado de shock desanduve el camino hasta el pueblo repasando los sucesos que habían tenido lugar. Había leído acerca de esta clase de cosas, aunque como todo el mundo pensaba que eran leyendas. Se cuenta que en la antigüedad todos los bosques eran sagrados y en ellos residían espíritus o deidades que protegían sus tierras – muchas veces de forma sangrienta- de los devaneos humanos.

Así, terriblemente asustada, pero con una buena lección aprendida me dispuse a dejar corriendo el  lugar.  Y es que por mucho que lo olvidemos los bosques son el origen de todo y  son territorio sagrado, arriesgándose cualquiera que lo olvide y cometa atrocidades en sus dominios a sufrir un final funesto.

 

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